Desencuentro

Estaba sentada en la parada del autobus una fría mañana de diciembre leyendo mi libro favorito. Se notaba el trajín al que había sido sometido el pobre libro, con las esquinas dobladas y sucias, subrayado y lleno de notas escritas con lápiz al costado. De pronto se sentó a mi lado un hombre, miró el libro, me miró a mi. Yo lo veía con el rabillo del ojo fingiendo que no me importaba pero después de un rato de sentirme observada,  ya un poco molesta, no pude dejar de levantar la cara y mirarlo. Él sonrió, de inmediato dejé de estar molesta y sonreí de vuelta. Me pareció encantador. Tenia una sonrisa limpia y sincera y la mirada brillante. Que tal el libro? preguntó. Yo, queriendo sonar interesante le respondí: es una hermosa historia de amor imposible. Él movió su cabeza en un gesto de desaprobación. Yo diría que es una muy triste historia de desencuentros entre una ilusa y un hombre emocionalmente distante, incapaz de amar, dijo. Yo lo miré sorprendida como diciendo ¿acaso oí mal? él enseguida saco de su morral el mismo libro igualmente maltratado y lo puso frente a mi. Eres una romántica, dijo. Y tú un cínico, respondí. No me conoces, dijo. Ni tú a mi, dije yo. Nos quedamos en silencio un par de segundos. Justo en ese momento llegó mi autobus y nos devolvió a la realidad. Cada quien tomó su libro y lo guardo en su respectivo morral. Yo me paré y caminé despacio hacia la puerta sin mirar atrás pensando que él tal vez me seguiría. No lo hizo. Jamás nos volvimos a ver. 

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