La felicidad se parece a un dragón y huele a narajas

Tu cabello huele a naranjas. La felicidad debe ser tibia, redonda y amarilla como el sol y oler a naranjas, a césped recién cortado, a tierra mojada después de la lluvia, debe sentirse como el viento tocando mi rostro y sonar como tu voz.

Las nubes se mueven rapidamente. Parecen tranquilas y sutiles pero cambian a gran velocidad: de repente un conejo, de repente un perro.

- Mira, una tortuga - te digo.
-¿Dónde?
- No, ya no. Se desvaneció.

Ahora parece un dragón. Todas las formas indefinidas parecen dragones, pienso.

Te siento tumbado a mi lado mirando al cielo igual que yo. Te miro. Tu sonrisa de niño me hace viajar en el tiempo, a ese día que parece que fue ayer, el día en que te vi por primera vez. Cada vez que te veo parece la primera vez porque eres como una nube, porque soy como una nube: de repente un conejo, de repente un perro.

Vuelvo a mirar al cielo.

- ¿Esto será la felicidad? - te pregunto.
- ¿Dónde? A mi me parece un dragón - respondes.

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