El huidizo silencio

A diario oigo el murmullo de un televisor, las risas de los niños en el patio de la escuela, el pip de un microondas avisando que está lista cena, el perro del vecino ladrando con desesperación, el rugir de los carros a lo lejos, cuando la oscuridad reina.

El sonido es común, se encuentra en todas partes. El silencio, en cambio, es escaso y escurridizo, siempre huye, es su naturaleza. Se escapa por cualquier agujero. No hay un recipiente lo suficientemente hermético para contenerlo.

Más fino que la arena, más resbaladizo que el agua, más etéreo que una nube, más voluble que el fuego, más transparente que el éter. Es imposible atesorarlo.

Una vez atrape un poco entre mis manos. Fue solo por un segundo, pero en ese segundo sentí haber atrapado el universo.

Fue una de esas hazañas difíciles de imaginar, nadie me cree cuando lo cuento. Como la vez que le cerré el paso a un arco iris.

Siempre recuerdo ese día con nostalgia.

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